09 Jun 40 años creciendo juntos: cómo Corin acompañó la transformación de Guarino Naranjales
Lo que comenzó en 1986 con un único elevador terminó convirtiéndose en una integración logística que hoy sostiene una operación capaz de cosechar cerca de 40.000 toneladas de fruta al año, exportar 15.000 toneladas a distintos mercados internacionales y operar con una flota cercana a los 40 equipos.

A mediados de los años ochenta, Guarino atravesaba una etapa de fuerte inversión. La empresa apostaba al crecimiento de sus quintas y destinaba gran parte de sus recursos al desarrollo productivo. Como sucede en muchas empresas familiares, cada decisión financiera debía tomarse con cuidado. En ese contexto apareció Corin.
José Guarino recuerda perfectamente aquel momento:
«Hace casi más de cuarenta años que estamos alquilándole elevadores de Corín. Al segundo año compramos otro más, y bueno ahí fue empezando la relación comercial. Nosotros compramos un elevador TCM 10. Me acuerdo que no teníamos mucho dinero, estábamos invirtiendo muy fuerte en las quintas, entonces nos vendió un elevador TCM 10 a muy cómoda cuota.»
A simple vista podría parecer una venta más. Sin embargo, cuatro décadas después, esa operación sigue siendo recordada porque representó algo mucho más importante: confianza. Fue el inicio de una relación basada en entender las necesidades del cliente y acompañarlo en su crecimiento. Y eso marcaría el rumbo de los siguientes 40 años.
Evolucionar juntos: de gasoil a litio
Uno de los aspectos que mejor explica la relación entre Guarino y Corin es que nunca se trató de una alianza estática. Durante más de cuatro décadas, ambas empresas crecieron y evolucionaron en paralelo, adaptándose a los cambios tecnológicos, a las nuevas exigencias de los mercados internacionales y a las necesidades cada vez más complejas de la operación citrícola.
Cuando comenzó la relación, a mediados de los años ochenta, los equipos de movimiento de carga funcionaban con motores diésel, la tecnología predominante en aquel momento. Eran equipos robustos, preparados para responder a las exigencias operativas de una industria que ya demandaba eficiencia y confiabilidad. Con el paso de los años, y a medida que el sector comenzó a incorporar nuevas prácticas y estándares, llegaron los equipos a gas. La transición representó una mejora importante en términos operativos y ambientales, permitiendo a Guarino continuar modernizando su flota sin afectar la continuidad de sus procesos productivos.
Más recientemente, la empresa inició una nueva etapa de transformación con la incorporación de equipos eléctricos impulsados por baterías de litio. Esta evolución no responde únicamente a una tendencia tecnológica, sino a una estrategia de largo plazo orientada a mejorar la eficiencia energética, reducir costos operativos y preparar la operación para los desafíos futuros de una industria en constante crecimiento.
Un sector que exige cada vez más
La transformación de Guarino no ocurrió en el vacío. Durante los últimos años, la citricultura uruguaya ha atravesado un proceso de expansión sostenida, impulsado por nuevas oportunidades de exportación y una demanda internacional cada vez más exigente en términos de calidad, trazabilidad y eficiencia logística.
Para empresas líderes del sector, el desafío ya no consiste únicamente en producir más fruta. El verdadero reto es ser capaces de procesarla, clasificarla y despacharla con mayor velocidad, precisión y consistencia, manteniendo estándares competitivos para mercados como Estados Unidos, Europa y Brasil. Las proyecciones de crecimiento del sector indicaban que la producción citrícola nacional podría duplicarse hacia 2028 o 2029, un escenario que obligaba a tomar decisiones con varios años de anticipación.
Como explican desde la empresa: «Se calcula que para el 2028 o 2029 se duplique la producción citrícola del Uruguay. Entonces, Guarino viene un poco de la mano también del crecimiento, previendo nuevas tecnologías, tratando de evolucionar del tipo de envases que se usan a nivel mundial, pasando de la madera al plástico.»
Eso implicó repensar procesos, incorporar nuevas tecnologías y diseñar una infraestructura capaz de acompañar el futuro de la compañía durante las próximas décadas. La necesidad de aumentar la capacidad operativa, mejorar la eficiencia de los flujos logísticos y garantizar la continuidad de una operación cada vez más compleja terminó impulsando uno de los proyectos más importantes en la historia de la empresa. Ese proyecto se concretó en 2022 con la inauguración de un nuevo packing de exportación, concebido para responder a los desafíos de una industria que no deja de evolucionar.
Una inversión pensada para el futuro
En 2022, Guarino dio uno de los pasos más importantes de su historia con la inauguración de su nuevo Packing de Exportación en Avenida Garibaldi, Salto. La inversión respondió a una necesidad concreta: prepararse para una industria en crecimiento y para mercados internacionales cada vez más exigentes en términos de calidad, eficiencia y capacidad operativa.
La nueva instalación incorporó maquinaria Maffroda de última generación, sistemas avanzados de automatización, nuevas tecnologías de clasificación y una infraestructura diseñada para acompañar el crecimiento de la empresa durante las próximas décadas.
Ricardo Fernández, Gerente de Exportación de Guarino, recuerda ese proceso como una etapa de grandes desafíos: «La verdad que con mucho desafío porque fue justamente el año que se hizo la mudanza del ex Packing Solari al nuevo packing de exportación. Esta es la cuarta safra que estamos trabajando y fueron muchos desafíos desde la implementación de nueva maquinaria, un packing de última generación de marca Maffroda.»
Los resultados de esta modernización son visibles en la capacidad operativa alcanzada. Hoy la planta puede procesar hasta 25 toneladas por hora en mandarinas y entre 35 y 38 toneladas por hora en naranjas, apoyándose además en sistemas de inspección y clasificación de alta precisión. Entre ellos destaca el calibrador, considerado el cerebro del packing, capaz de capturar hasta 150.000 imágenes por segundo para evaluar calidad, tamaño y destino comercial de cada fruta. Sin embargo, una infraestructura de este nivel también trajo consigo una nueva exigencia: garantizar que la operación nunca se detuviera.
Cuando detenerse no es una opción
En una operación que procesa decenas de toneladas por hora, cualquier interrupción genera un impacto inmediato sobre toda la cadena productiva. La fruta sigue llegando desde el campo, los compromisos comerciales continúan vigentes y los tiempos de embarque no admiten demoras.
Por eso, una frase se repite constantemente dentro de la planta: «El packing no puede parar.» La afirmación no es una metáfora. Cada equipo cumple una función crítica dentro del proceso y, especialmente, en la alimentación de las líneas de clasificación y procesamiento.
Como explica el equipo de Guarino:
«Cuando están con una máquina funcionando, el elevador que está alimentando la máquina no puede parar. Si se te para un equipo por cualquier desperfecto, o tenés que tener un reemplazo o repararlo inmediatamente. Porque si paramos acá, paramos todo el proceso.»
En este contexto, la disponibilidad de los equipos deja de ser simplemente una cuestión de mantenimiento. Se convierte en un factor estratégico para la continuidad operativa y la capacidad de cumplir con los mercados internacionales.
Corin dentro de la operación: mucho más que equipos
Frente a este desafío, Corin desarrolló una solución que fue mucho más allá del suministro de maquinaria. La empresa instaló un taller dentro del propio predio de Guarino, integrando servicio técnico, repuestos y soporte operativo directamente en el corazón de la planta. La iniciativa incluyó un mecánico asignado de forma permanente, stock de repuestos críticos, equipos de respaldo disponibles y coordinación directa con el resto de la red técnica de Corin.
Para Ricardo Fernández, el impacto fue inmediato: «El tema de haber implementado un taller de la empresa dentro de lo que es el packing, tener cerca un mecánico, tener una rápida respuesta, fue un cambio sustancial que lo hemos planteado y lo vemos como muy positivo.»
Hoy, cerca de 40 equipos Corin operan en distintas áreas de la empresa, desde la cosecha hasta el packing, las cámaras frigoríficas y los sectores de embarque. La mayoría funciona bajo un esquema de arrendamiento que permite incorporar tecnología de forma flexible y acompañar la transición actual hacia equipos eléctricos de litio.
Como resume José Guarino: «Lo bueno de estas relaciones es que nos hablamos los dueños, uno con el otro, nos llamamos a cualquiera y nos atendemos.» Esa filosofía es la que explica cómo una relación que comenzó con un único elevador terminó convirtiéndose en una alianza estratégica que hoy sostiene una de las operaciones citrícolas más importantes del Uruguay.
¿Tu operación está preparada para crecer sin detenerse?
Cuando una planta trabaja a máxima capacidad, cada minuto cuenta. La diferencia entre cumplir o no con los compromisos productivos muchas veces no depende únicamente de la tecnología, sino de contar con un socio capaz de responder cuando más se lo necesita.
Durante más de 40 años, Corin ha acompañado a empresas como Guarino Naranjales con soluciones que combinan equipos, soporte técnico, mantenimiento y planificación operativa para garantizar la continuidad de sus procesos. Si tu empresa enfrenta desafíos similares y busca optimizar su logística interna, reducir tiempos de parada y prepararse para una nueva etapa de crecimiento, conversemos.
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